¡Qué se pudran los autos!

Este fin de semana será el día del Padre y el mío fue fundador y presidente de los Automovilistas Unidos de Chile. Como él me enseñó desde mi más tierna infancia a cuestionar y rebelarme contra todo lo que huela mal, este post va contra los autos. No contra él.

Pues si hay algo que realmente cambia la calidad de vida de una ciudad, es cuando las calles son caminables, pedaleables y transitables y en calma. Con la marea de autos y micros que hay en Stgo. todo lo pedaleable y lo caminable agarra dimensiones heroicas. Recuerdo que cuando estaba en la univerisad, me iba en bicicleta desde La Reina hasta la calle Ejército y era un ejercicio de sobrevivencia. Realmente suicida. Las cosas han cambiado en la capital, hay más ciclovías, más gente en bici, más movimientos de gente probicis. Pero sigue siendo un lugar hostil.

Aquí en Europa hay un movimiento derechamente activista y se llama Reclaime The Streets (Recupera las Calles) .
Nació a comienzos de los 90 en Inglaterra y definen sus acciones como no violentas y temporales. La idea es recuperar un espacio público por un determinado tiempo, cortando una calle, una autopista o una rotonda y montar una fiesta hasta que lleguen los pacos. El principio básico es que todo está determinado para y por los vehículos y es por ellos que en sus acciones “liberan” o “recuperan” el espacio dominado por los motores. Generalmente sus acciones devienen en batucadas o raves.

Según Wikipedia, el movimiento se ha extendido a EEUU, Austrialia y África y en muchos lugares las acciones han tomado forma de huelgas legales.

Independiente de lo inviable de sus acciones y de lo poco propositivas, el acto mismo de asumir que el espacio público está siendo ocupado por algo (en este caso, los autos) pero no por ello le pertenece, me parece particularmente liberador. Nunca olvidaré aquel paro de micros, Santiago era una delicia.

En la web se pueden ver muchos documentales acerca del movimiento.

 

Gratis en el MACBA

guerrillagirls

En los márgenes del arte. Creación y compromiso político, es una exposición pequeña, algo dispersa, pero muy interesante que estará en el Centro de Documentación del MACBA hasta mediados de septiembre. Y es graaaatis.

Guy Schraenen unos 230 libros de artista, revistas, octavillas, carteles, postales y otros formatos impresos datados entre 1933 y 2008 en los que la capacidad creativa se ha puesto al servicio de la reivindicación política, como los dólares agujereados por balazos de Samaral y las reivindicaciones de género del grupo Guerrilla Girls. La selección de obras, que puede verse en la sala de exposiciones del Centro de Estudios y Documentación MACBA, compone un paisaje claramente fronterizo entre los territorios del arte y de la ideología que atraviesa diagonalmente los ámbitos del pensamiento, el activismo y la creación artística.

Exijo mi dinero

«Dinero gratis» , «No queremos trabajo, queremos dinero», y «Basta ya, Pasta ya», dicen unos carteles negros con letras rojas que aparecen de repente en Barcelona. Están en algunos bares, paraderos y murallas. Hace poco me enteré que era un grupo que hacía acciones de arte, ahora a cargo de hacer Yomango (que se escribe igual que la tienda de ropa Mango y que juega con la palabra «mangar», que en España es robar), una campaña que incita a robarse cosas de las tiendas.

Los de Yomango fotochopean los anuncios de publicidad (como la de la foto) y las modelos salen escondiénsose algo, con las manos en actitud como-que-no-quiere-la-cosa. O reparten etiquetas de ropa y calcomanías con el logo que anuncia un 100% de descuento. Hace poco invitaban a un desfile en el Paseig del Ángel, un paseo comercial en el centro de Barcelona. El comunicado decía: «Yomango. ¡ESCÓNDETE, OBJETO! Por arte de birlibirloque: el arte de transformar las cosas. ¡Sin esfuerzo, sin trabajo! Transformar UN OBJETO en una ola de luz y color, transformar UNA COSA en un estallido de vida. Que circule el deseo. Que fluya la vida. Que hable tu cuerpo. Sin dinero ni tarjetas. Sin aditivos. Porque la felicidad no da dinero, ni tiene precio… ¡¡ESCÓNDETE, OBJETO!!».

El comunicado invitaba luego a un «desfile Yomango» y si uno llegaba, se encontraba con una patota de locos desfilando con las cosas que se robaban de las tiendas, y mostrando las trampas que usualmente se utilizan en estos casos (como guatas de embarazadas falsas, abrigos gigantes…). Los tipos caminaban en la mitad del paseo y unos cuantos entraron a unas tiendas y salieron agitando una polera o un disco. La gente los aplaudía, los turistas sacaban fotos y el desfile duró lo que demoró en llegar la policía.

Días antes habían estado en el CCCB (el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) durante el Festival In Motion, un espacio donde se encuentran coreógrafos, artistas plásticos, y DJ’s presentando distintas formas de comunicación. Entre todas las actividades, había una llamada «Yomango También» que era el taller para robar que ofrecían éstos y declaraban: «Llena tu verano de momentos intensos y bellos, reflexivos y divertidos. No te quedes en casa: en algún lugar, cerca de tí… YOMANGO. Atrévete a desear. YOMANGO, por la libre circulación de bienes y la pérdida desconocida».

Tales invitaciones llevaron a los catalanes a tener cierta reserva, y otros, simplemente a no entender nada. Después del robo en masa que hicieron en el centro comercial, el 5 de julio pasado, el diario El Periódico de Barcelona lo llamó un «acto de protesta en un centro comercial» (agregando un divertido «la policía atribuye acción a los llamados movimientos alternativos») y La Vanguardia expuso el hecho notando que «tras ridiculizar teatralmente a la sociedad de consumo, los individuos se apoderaron de diferentes prendas de ropa. Entre los participantes en la acción había miembros del colectivo okupa y jóvenes antiglobalización».

Por supuesto, las actividades de Yomango son más organizadas de lo que parecen. En internet, en el sitio www.yomango.org (ahora caído), estaban escritas las «normas de urbanidad» del evento, como que era una «actividad lúdica y pacífica» y que explicaban a los asistentes estar siempre «atentos a las indicaciones» pues «un desfile no se improvisa pero el guión admite (o requiere) cambios. Si fuera necesario, nos vamos con la música para otra parte». Algo que, de hecho, hicieron.