“HE HECHO CASI TODAS LAS COSAS QUE QUERÍA HACER EN LA VIDA”

Willy Gordon, el marido de Isabel Allende, se lanza como escritor a los 69 años con una historia de suspense policial en el San Francisco de los sesenta, una ciudad que ama y conoce como pocos. No lo amilana la fama de su mujer ni se acompleja por la suerte de poder ser publicado. William Gordon sabía que esto pasaría desde antes. Mucho antes de conocer a Isabel.

Fotografías, Marcela Jardón

William Gordon está muy contento. Recién comienza la promoción de Duelo en Chinatown, y le acaban de avisar que empiezan las traducciones para Alemania, Holanda, Portugal, Francia, Polonia, Rumanía y Brasil, además de España, donde comienza la campaña del libro. “Yo no lo podía creer y ellos (los de la editorial) tampoco”, comenta entre risas, “es una cosa totalmente inesperada porque no he hecho nada, no he intentado hacer nada. Fueron al Blanden Book Fair y ahora está en ocho idiomas y me dicen que con publicidad empezará a volar. Estoy speech less (sin palabras) que es una cosa increíble porque soy abogado. Never speechless, never speechless (nunca sin palabras).
Estamos en el frío lobby de uno más de los hoteles que se esparcen entre las construcciones modernistas y las lujosas tiendas del Paseo de Gracia barcelonés, y aunque podría ser la sala de espera de un dentista del barrio alto o cualquier lugar del mundo decorado por un hombre convencido que el color café oscuro y la madera chapada en grandes volúmenes es capaz de crear ambiente o neutralizar a cualquiera, la presencia de William Gordon y sus alegres carcajas, tiran al trastero la solemnidad aséptica del salón. Es un hombre grande, de mirada aguda y pensamientos rápidos. Se intuyen sus canas bajo el enorme sombrero que no se quitara ni en un sólo minuto durante la entrevista. Va vestido como el salón, de café oscuro y negro. Pero, a diferencia del lugar, su pinta de sheriff enérgico, el constante movimiento de sus manos, la alegría y el entusiasmo que le provoca vivir y sus historias narradas en jerga chicano-chilena, lo convierten en una experiencia divertida y única.
Para ser francos, la razón de esta entrevista era que el esposo de Isabel Allende, nuestra única best seller internacional, la única mujer chilena reconocida en el mundo (antes que apareciera la presidenta, claro está), lanzaba su primera novela. Pero claro, detrás de cada gran mujer hay un gran hombre, y Willy Gordon hace carne el dicho los primeros minutos de conversación. Tiene más cuentos que Marco Polo, su vida es tan novelesca que su mujer la agarró para El Plan Infinito y pese a lo dura que ha sido su vida a ratos, es sólo optimismo lo que derrocha. Dos fracasos matrimoniales pero un gran amor hasta hoy; la muerte de su hija por drogadicción, pero el menor se acaba de recuperar de la adicción.
Su manera de hablar es irreproducible. Habla en escenas y diálogos y salta de una historia a otra -cual hip hopero otoñal- con frases en inglés, chileno y mexicano, de la manera más inesperada. Aún así, es una persona absolutamente comunicativa y uno no se da ni cuenta de cómo está hablando hasta que toca trascribir y redactar la entrevista.

Usted hizo un viaje por el mundo, ¿no?
“A los 22 años. Había terminado con mi servicio militar, donde llegó a ser oficial, y quería viajar, porque mi padre era muy aventurero y eso me enseñó. Siempre tuve lo que en inglés se dice “wonder last” (término gringo inventado para decir curiosidad insaciable). Siempre fui una persona súper inquieta, hiperactiva y eso lo quería hacer y lo hice. He hecho casi todas las cosas que quería hacer en la vida.
Qué bien, ¿por qué “casi”, qué otra cosa le gustaría hacer?
“No sé todavía, vamos a ver”, agrega curioso.
“Hace como dos años, antes de firmar el contrato para este libro, Isabel me mandó donde una astróloga de Colorado. Y ella me dijo que iba a publicar un libro y que mi hijo menor iba a salir de las drogas. Y todas las cosas pasaron. Entonces, yo quería saber más y hablé con ella otra vez y me dijo: “oh, qué interesante, tu periodo más creativo va a empezar a ahora y va a durar 27 años”. Entonces cuando firmé el contrato con Carmen Balcells, le mandé la carta de la astróloga y le dije “me vas a tener que aguantar hasta que tenga 97 años”. Y quién sabe después …¡tengo que esperar!
¿Usted acostumbra a ir a astrólogas?
En 1984, una astróloga italiana me dijo la misma cosa, que yo iba a publicar un libro.
Pero yo siempre quise hacer eso. Clarísimamente. Cuando me gradué de la universidad, en el anuario de mi generación pone “¿Qué vas a hacer con tu vida?: Escritor y abogado”. Y cumplí las dos cosas. La gente está sorprendida que soy escritor, pero siempre quise serlo. Mi padre era escritor.
Su padre murió cuando usted era muy chico
Cuando tenía seis años. Mi padre escribió un libro que se llamaba El Plan Infinito e inventó una religión. Armaba una carpa en el sudeste del país y llamaba a la gente y les cobraba un dólar para entrar y colgaban naranjas del techo con un foco y luego predicaba él vestido de smokin. Enganchaba a la gente y les hablaba durante dos horas yo no sé de qué y luego, cuando salían, tenían que pagarle dos dólares para comprarle el libro El Plan Infinito. Cuando no había clientes, como además era pintor, el WPA del gobierno, les pagaba a artistas para que pintaran murales en los correos. Entonces hacía las dos cosas, era pintor y era escritor y era predicador y mentiroso y charlatán y sinvergüenza pero carismático. Yo creo que estaba loco y era borracho y eso lo mató.
¿Leyó El plan infinito?
¿El de él? Sabes que traté de leerlo, pero era puro bullshit (mierda).

ISABEL, WILLIAM Y EL ENANO PERVERTIDO
¿Le influyó entonces más su padre que el haber vivido con Isabel Allende por 18 años para lanzarse a escribir?
Sabía que iba a escribir a los sesenta años. Yo era muy activo, trabajaba como abogado, hacía la familia y todas esas locuras y no tenía tiempo. Sabía, además, que no me iba a calmar suficientemente para escribir hasta que tuviera más edad. Y así pasó.
¿No le daba susto ser la pareja de Isabel Allende y entrar en su terreno?
No, no tiene nada que ver con eso. Además, escribimos tan diferente. Cuando yo conocí a Isabel estaba pensando en escribir El plan Infinito. Y ella me dijo, “déjame hacerlo yo que yo lo hago mejor”. ¡Quién se puede quejar con eso! .Y así pasó. Entonces me quitó la novela que iba a escribir y escribí otra.
¿Así nació Duelo En Chinatown?
No. Mi primera novela era sobre un enano pervertido y una historia de amor con una muchacha francesa que era pintora. Cuando terminé el libro, Isabel odiaba a aquel enano. Me dijo que era el hombre más asqueroso que había leído en su vida, que era terrible. Mi agente, que es Gloria Gutiérrez, me dijo que había muchas historias que si las quería publicar las tenía que revisar. Además, mucha gente que sabía lo que estaban hablando, me dijeron que este era un libro de baúl. ¿Sabes lo que es eso? Que vas al dormitorio, encuentras un baúl, echas el libro adentro, lo cierras con candado y lo dejas allí para siempre. Dicen que muchos escritorios, casi todos, tienen una historia, un libro que es de baúl.
¿Cómo se llama su libro de baúl?
“Defectuoso”.
¿Y cómo apareció esta novela?
Había escrito un cuento sobre un indigente que dormía en el metro y salía de noche con un smokin y cada noche robaba de la basura de una imprenta las invitaciones a los eventos sociales de la ciudad. Entonces, éste con su esmokin se iba a las fiestas a comer y beber. Comía en los cócteles de los famosos y por eso estaba tan enfermo porque era tan fuerte la comida y el trago que al fin se enfermó. Entonces, cuando me dijeron que tenía el libro de baúl dije “tengo algo, a ver si sirve”. Le pasé el cuento a quien era mi reportera de todas las declaraciones que hice en mi negocio de abogados y ella me dijo que era mejor que la novela que acaba de escribir y que por qué no lo hacía novela. E Isabel me dijo lo mismo. Así fue como empezó.
Tuvo un bar en San Francisco que se llamaba Melba igual que la mujer que regenta el bar en su novela
Hace mucho años, presté seis mil dólares a un cliente mio, un cubano que era marinero. Él empezó el bar y lo tuvo por un rato y empezó a vender drogas por lo que tuvo muchos problemas con la ley y se fugó. Dejó el bar vacío y mi dinero en el aire. Entonces yo tenía la nota del préstamo y fui al ABC, que es quien controla el licor y dije. “Mira, este tipo me debe este dinero, aquí tengo la nota y yo quiero llevar el bar y vender la licencia”. Me dijeron que no podía hacer eso y luego me llamaron al día siguiente y me dijeron “ok, you can do it”. Pensé ¿qué voy a hacer yo con un bar? y un amigo me contó que conocía a una mesera que se llamaba Melba, que me podía llevar el bar. Y lo arreglé exactamente igual que en el libro. Quedamos que me diera quinientos dólares al mes, ella era la socia mía y yo no quería saber nada más. Sólo la iba a ver de vez en cuando, a tomar un trago, a escuchar las historias que estaban ahí. Y así lo hice por veinticinco años. Fue la mejor inversión que he hecho en mi vida. Por veinticinco años ganaba los quinientos dólares al mes y cuando ella estaba muy enferma al final, cada uno sacó veinticinco mil. Claro que en la novela llevé el bar up town, para darle un poco de clase.
¿Lo pasó bien escribiendo la novela?
Sí, lo disfruté mucho.
¿Qué consejo le dio su mujer para escribir el libro?
Cuando terminé el primero, ella me dijo “por qué no te metes en los detectives que es lo que te interesa, has leído mucho en forense”, y es cierto, he leído más de 50 libros y sé mucho, “además eres abogado, es natural para ti, métete en eso”.
La novela es muy visual, casi como un guión
Eso me lo ha dicho mucha gente. ¿Será mi nuevo talento? (estalla en carcajadas) ¿quién sabe eso?
Bueno, está dentro de sus veintisiete años de gloria
“Ahora casi termino con el segundo libro. Y es la continuación de este, con el mismo protagonista. Traté de meter la historia de amor que tenía en el libro del baúl pero no me resultó -Isabel me dijo que nunca iba a resultar- y el enano no entra por el momento.
Isabel va a salir con unas memorias en dos años que ya tiene medio terminadas. Y en el libro de estas memorias, se explica muy bien la batalla de Arauco que tuvimos por esta cosa del enano. Y después de eso, ¡todo el mundo va a querer saber del enano!”
Nuestro hombre se mata de la risa con su chiste. Es su secreta esperanza de doblarle el pulso a quienes no apuestan por su enano pervertido.
“El otro día estuve en la radio (en España) y hablé del libro y del enano. Y al día siguiente fui a almorzar con Juan Pascual, que es mi editor, y estaba en el bar y se me acerca un señor y me dice “¿Usted es el escritor que habló del enano pervertido ayer en la radio?” “Sí, cómo supiste?” “No importa como supe, pero mi mejor amigo es un enano y también es un pervertido” ¡Y reímos todos!.¡ Era una cosa tan deliciosa! Entonces, ¡hay mercado, hay mercado!

SUS ADORADAS MINORÍAS
En la solapa del libro se cuenta que realizó un viaje por todo el mundo haciendo dedo. Dormía en los cementerios porque eran los lugares más baratos y seguros. Ese experiencia lo marcó profundamente y al terminar la entrevista comenta: “Mira, una cosa que aprendí fue que hay gente buena en Chile, Rusia, Austria, en la clase alta, en la pobreza. Igual que los cabrones. Las categorías no te aseguran nada”.
“Hice dedo hasta donde no puede. Por ejemplo, cuando llegué a Calcuta, quería entrar a Birmania , que en ese tiempo se llamaba de otra manera. En ese tiempo, la CIA pagaba bandidos para amenazar a China, pero también amenazaban a todo el mundo y no te dejaban entrar. Entonces pensé entrar por Malasia que uno se iba por Bangladesh, que en esa época era Pakistán. Pero en ese entonces no se podía porque había guerrilleros y te iban a matar. Gastaba cien dólares por vivir al mes y había un jet, que nunca había visto en mi vida, porque recién habían salido. Lo tomé a Tailandia, a Bankok y me costó 60 dólares – lo recuerdo como si fuera ayer- y ¡shiung! estaba en media hora en Bankok y de allí tenía que esperar al barco francés “Messager Maritime” que se iba por todas partes. Pero me dijeron que en Singapur se le había fregado el motor así que debía esperar un mes para subir en el barco. Entonces dije no, “¿puedo ir por Camboya?” “No, porque hay Guerrilleros, te matan”. En esa época Vietnam no era peligroso, pero ir hacia Vietnam era peligroso. No quería ir para allá si estaban peleando. Entonces otros sixty bucks (sesenta dólares) y me fui a Hong Kong y pasé un mes allá, divirtiéndome mucho. Y por fin llegó el “Messager Maratin” y me fui a Japón y eso me costó 20 dólares ir en el barco, porque estaba abajo con las vacas.
¿Fue a Sudamérica?
No, Sudamérica la conocí con Isabel. Pero a México he ido mucho.
Al leer su novela, se ve que conoces mucho a la comunidad latina y la marginalidad de la inmigración.
Mucho, mucho. Crecí con ellos y los representé todo el tiempo que trabajé como abogado. El 99% de mis clientes eran mexicanos ilegales. Yo sé mucho de México y de los campesinos porque de ahí vengo. Cuando murió mi padre, su amante y socia, era una bruja y tenía muchos terrenos, porque era una mujer muy rica. Ella nos puso en una de sus casas en el barrio mexicano. Ahí nos quedamos hasta cuando necesitó la casa para sus magias negras y eso y nos trasladó a otra de sus casas en un lugar que se llamaba Canta Ranas, cerca de Los Nietos, que está como a trece millas de Los Ángeles.
¡Hay un personaje de su libro que viene de allí!
¡Exactamente! Bueno, yo cuido a mi gente. Estábamos en Canta Ranas, una aldea de cuatro cuadras, rodeadas de huertos de naranjas, con el río san Gabriel, totalmente rodeado de puros mexicanos pero mucho más sano y seguro que Los Ángeles. La gente allí era humilde y trabajadora, no era cosas de bandas y de armas ni nada. Los Ángeles era un infierno, un war zone. Cuando sonaba la campana en el colegio, yo tenía que salir corriendo con cinco mexicanos detrás de mí gritando: “gringo, salao cabrón…¡Ven aquí! ¡Lo vamos a Matar!”
¿Por ser gringo?
Por ser gringo. Bueno, le contaba lo de Canta Ranas porque hace dos meses mandé tres copias a la biblioteca de Canta Ranas que yo estoy construyendo con ellos.
¿Con la gente de Canta Ranas?
Sí, pero esa es otra historia, ¿la quieres escuchar?
Sí, sí, por favor.
Cuando tenía 10 años y vivíamos en Canta Ranas, fui a la escuela en Los Nietos. Yo era muy artista, pintaba en acuarela y me encantaba. Mi maestra me quería mucho y me apoyaba. En tiempos de Navidad me llevó donde una empresario petrolero muy rico de Santa Fe Springs. El tipo me dio pinturas y me preguntó de donde era y le dije que era de Canta Ranas. “Oh, de Canta Ranas” contestó él, “esa gente me gusta mucho. ¿Sabes qué voy a hacer? Les voy a hacer una biblioteca?”.
“¡Fantástico”, dije. Porque cuando vivía en los Ángeles y tenía que arrancar, primero me iba a la iglesia y estos malditos se venían ahí y me daban la madre. Entonces cambié la ruta y me fui a la biblioteca. Allí empezó mi vida de lector, haciendo hora para que se fueran éstos. Y leía y estudiaba y me enamoré de los libros. Pero en Canta Ranas no había biblioteca. “Estamos hablando de 1947 y yo estaba en quinto grado. Y pasaron los años y no había biblioteca. Terminé la secundaria y no había biblioteca, me fui a la universidad, regresé y no biblioteca. Regresaba cada cierto tiempo para visitar y no biblioteca. En el 2004, le dieron un premio a Isabel, por su ayuda en la alfabetización a la gente de California, a través de su fundación. Quienes organizaba eso eran de Santa Fé Springs que, para entonces, había incorporado a Canta Ranas. Y yo partí feliz a presentarme y decirle al encargado que era de Canta Ranas y a preguntarle por la biblioteca. Y me miró todo extrañado y me dijo: “Ni te conozco ni sé dónde está eso”. De repente se acercó una señora y me dijo que sabía quién era yo, que sabía que me había casado y que me mandaba saludos de un amigo de allá.
“¿Y la biblioteca?”, le pregunté. “Pues, no tenemos”, me contestó.
“Yo quiero hablar contigo y con el alcalde” y fui para allá y les conté la historia de nuevo. Y les dije que les haría una donación de cien mil dólares de mi bolsillo, “si me prometen , que construyen una biblioteca en Canta Ranas. Y no quiero que pasen otros 50 años”, les dije. Se pusieron ahí a cuchichear y me dijeron que sí, pero que sólo me ponían una condición. “Que traigas a Isabel Allende para que le demos las llaves de la ciudad.” Yo les dije, como lo digo siempre, que no hablo por Isabel y que ella tiene que decidir si quiere ir o no. Ella aceptó y fuimos para allá, dimos discursos, hice la presentación y van a hacer la biblioteca. Mandé los libros en español -porque hay mucha gente allí que habla español y que lee- y les dije que si se cansan de leer todo el libro, que lean si quieren el capítulo once.
¡Van a alucinar cuando lean que aparece Canta Ranas! Además que se trata con mucho cariño a los latinos que aparecen allí.
Oh sí, son mi gente.
Sí, el castellano que habla tiene un tonito mexicano
“¡Órale, pues, carnal!”, espeta todo charro. Luego cuenta un poco desilusionado que “cambiaron las palabras que tenía para la edición de España”.
“Les dije a los de la editorial que arreglaran un book tour en la frontera de los Estados Unidos y México, que yo conozco mucho. Y Ediciones B verá que hay veinticinco millones de habitantes que leen español y que compran muchos libros y que es una mina de oro para ellos. Y a esa zona no llegan libros en castellano. Mira, Isabel fue el año pasado para hablar en una universidad al sur de Texas y no te puedes imaginar la recepción. Y la invitaron para el año que viene. Porque están desesperados por gente en su lengua que son famosos y reconocibles para la comunidad.
Qué curioso que siempre haya tenido esta filiación con latinos inmigrantes y que se enamoró de una latina inmigrante
¡Qué milagro!, ¿no?. Sabes que es el destino. La astróloga tiene razón.
¿Y cual fue su hijo que se curó ahora de la droga?
El más chiquito, el de 29. Es maravilloso, está yendo a la universidad y es muy inteligente.
¿Y qué espera de la recepción del libro en Chile?
Oh, yo no sé todavía porque no he ido allá por el libro aún. Pero estaba muy sorprendido porque me pidieron que hiciera un artículo para una revista y luego, cuando salió, no fue “Willy Gordon Sacó un libro” sino “El esposo de Isabel Allende Sacó un Libro”. Y ahí me dí cuenta que…
Sí, le pido perdón, es que en Chile uno siempre tiene que estar vinculado con alguien
Bueno, así es el mundo quizás. No me estoy quejando, en todo caso.
¿Le molesta que le cuelguen esto de ser marido de Isabel Allende?
No, no, no. Me ayuda. Ella me ha ayudado mucho, en todo. Sobretodo a manejar el asunto.
¿Qué asunto?
El cómo manejar estas cosas. Porque hay ataques. Un día yo soy el que carga el equipaje y de repente todos quieren hablar conmigo. Y ella me ha apoyado mucho.
¿Cuanto tiempo lleva con el taller literario?
Seis años. Estoy con un profesor que exige diez páginas cada dos semanas. Y los alumnos que también van opinado. Primero decimos que nos gusta y luego decimos qué falta. A veces escucho y otras no. Es que te escuchan cada dos semanas, entonces es como si leyeras diez páginas cada dos semanas. Me decían que tenía que describir más y más. Y entonces yo repetía que el tipo tenía caspa quinientas veces. Y cuando Isabel lo leyó me dijo: “¡Qué estás haciendo, dílo una vez y quizás otra hacia el final”. Y tenía razón, eso me ayudó mucho. En todo caso, ella se metió al final.
¿Estaba nervioso por qué iba a decir ella al leerla?
Bueno sí, sure (seguro). Pero habíamos peleado tanto por el enano, porque odia al enano (estalla en carcajadas)…Cuando escribas el artículo, por favor, menciona al enano.
¿Para dónde van después de España?
Ahora vamos a Grecia porque ha Isabel la esperan con un homenaje espectacular. Ella es muy conocida allá. Y yo hago mi trabajo normal, llevando el equipaje para Isabel, y me pongo humilde otra vez.

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9 pensamientos en ““HE HECHO CASI TODAS LAS COSAS QUE QUERÍA HACER EN LA VIDA”

  1. ¡qué ganas de leer el libro! Es un tipo fantástico. Muy buen entrevista

  2. DESPUES DE LLER LA SUMA DE LOS DIAS DE ISABEL ALLENDE… NO CABE DUDA QUE MI PROXIMO LIBRO SERA EL DE WILLY GORDON CON Duelo en Chinatown… NO CABE DUDA QUE ES MUY BUENO…

    SUERTE…

  3. ES UNA FAMILIA LLENA DE MAGNETISMO, ESPERO QUE EL LIBRO DE WIILI SEA UNA CONTINUACION DE EL POR LO BIEN QUE ISABEL LO DESCRIBE CREO YA CONOCERLO.

  4. Acabo de leer LA SUMA DE LOS DIAS y al llegar al despacho me he conectado para ver fotos de la tribu de Isabel Allende. Solamente he encontrado a Willy, q parece un hombre formidable y la foto es tal cual me lo imaginé. Les deseo lo mejor a los dos, y q sigan escribiéndonos libros!!!

  5. Hace como cinco anos una amiga y clienta me ragalo Paula lo lei Llore y Llore soy madre de dos asi como Isabel de un Nino y una Nina y desde ese dia me encantan sus libros acabo de terminar El cuaderno de Maya , La suma de los dias, le recomende a una amiga Hija de la fortuna y esta enganchada y estoy con el plan infinito me encanta tan culta tan humana tan real , Isabel por favor nunca dejes de escribir si algun dia me animara hacer mi biografia y si tu quisieras no dudaria en que tu fueras la escritora que Dios te siga bendiciendo a ti y tu clan Respetuosamente Norma Ah que privilegio el que tuvo mi paisana Adela micha hace poco al entrevistarte en Ciudad Mexico. como disfrute esa entrevista un gran placer conocerte a traves de tus libros.

  6. Una cosa le celebro a Isabel, fuera de sus libros estupendos, y es que en todos de una u otra forma nombre a su país, del cual no se olvida a pesar de sus éxitos. Sus raices para ella son importantes.s en dijo:

    Una cosa le celebro a Isabel, fuera de sus libros estupendos, y es que en todos de una u otra forma nombre a su país, del cual no se olvida a pesar de sus éxitos. Sus raices para ella son importantes. Que gran mujer, ha sufrido mucho pero tiene la energía de seguir adelante.

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