NUESTRO MACONDO EN COLCHAGUA

Algo se cuece a 220 kilómetros de Santiago. Pichilemu se levanta del olvido y desde la llegada de los primeros surfistas hace 20 años se está gestando un pequeño pero visionario movimiento de emprendedores que han sabido recuperar el encanto del decaído balneario ofreciendo una atractiva variedad gastronómica, hotelera y recreativa. Sin duda alguna, Pichilemu es una de las buenas alternativas que ofrece nuestro litoral para este verano con el plus que está emplazado en un zona llena de alternativas.

pichilemu

Fotografías Macarena Minguell

Si en Europa descubrieran ahora un lugar como Pichilemu, es cosa de días para que se convierta en uno de los paraísos más codiciados por viajeros románticos, turistas, agricultores, soñadores, aventureros, surfistas y claramente, para los temidos especuladores inmobiliarios que terminarían por hundirlo entre pavorosos edificios costeros que llenarían los jubilados y veraneantes primer mundistas. Para bien y para mal, Pichilemu pertenece a un país pobre, centralista y descuidado y el encanto de la simbólicamente llamada capital turística de la VI región radica en el descuido y la improvisación de esta tierra que despliega su folclore de campo y mar impoluto por lagunas rodeadas de colinas floridas, extensas y limpias playas de arena negra, campesinos y pescadores tranquilos, artesanos, surfistas empeñados en preservar el entorno, santiaguinos emprendedores hastiados de la capital y los nos pocos gringos que se enamoran de este paraje encantador.
Cuando lo declararon comuna autónoma en 1891, Pichilemu parecía tener un futuro glorioso. Por aquella época, el hijo de quien fuera embajador de Inglaterra en Chile, un refinado y millonario Agustín Ross Edwards, se empeñó en convertir al poblado en un balneario de lujo, construyendo el primer casino que operó en el país, el Gran Hotel Ross de arquitectura señorial, un hermoso parque con el mismo nombre que mira al mar y por donde llegarían los barcos del que sería -y no fue- el principal puerto del país. Además, hizo el alcantarillado y dotó a Pichilemu de correo, telégrafo, almacén, lavandería, caballerizas, herrería, botica, peluquería, entre otros servicios. Dentro de las curiosidades que tenía este complejo, estaban las canchas de tenis cercanas a la playa y los terapéuticos baños calientes de agua de mar que hoy se encuentran en las cabañas “Las Terrazas”, frente a la playa del mismo nombre.
Por aquel entonces, flor y nata de la aristocracia terrateniente colchagüina venía a Pichilemu atraída por este prodigio que levantaba Ross ante sus ojos. Un poco antes de morir en 1926 y sin dejar descendientes directos, llegaba la guinda que coronaba su magna obra: el tren a Pichilemu.
Sus sucesores donaron al municipio los parques, paseos, escalinatas y terrazas que perduran hasta el día de hoy con la condición que fuesen preservados dignamente. Al Casino se le canceló la licencia el ’32 y se le otorgó al municipio de Viña del Mar. Poco a poco Pichilemu empezó a quedar desplazado, sus gloriosas construcciones abandonadas y el auge de otros balnearios de la V región y el cese del tren terminaron por convertirlo en un pueblito más tras las cordillera de la costa. Durante años y hasta hoy ha sido un balneario de provincia para la poblada VI región que al marchar el turista adinerado ha sufrido los embistes de la precariedad.

Pocos Pueblos tienen más onda
Llegar a Pichilemu ya no es el tremendo esfuerzo de 6 a 7 horas que era hace más de una década. Desde Melipilla, pasando por la central Rapel y el encantador pueblito de Litueche, Pichilemu queda a 220 kilómetros de la capital por un hermoso camino que se interna por campos y casas coloniales. Típicas construcciones rurales de la zona central dan la bienvenida y de inmediato salen al paso personas con cartelitos ofreciendo arriendos de “casa, cabañas y similares”. Un poco antes de llegar al centro se encuentra la antigua estación de tren declarada monumento Nacional al igual que el ex Casino y el parque Ross. Es un lindo edificio de madera que hoy funciona como punto de información turística privado y está muy cerca del único supermercado de gran cadena, un Unimarc, que al entrar da la sensación de ser un almacén grande al que le cayó encima una carcasa rojo, verde y blanco. Al frente y como estacionamiento se encuentra la polvorienta plaza Francisco Javier Errázuriz T. que ofrece juegos para niños. No es el único legado del empresario, además recorren por el pueblo las micros Tata que importó de la India y que son las mismas que circulan por el gigante asiático.
Las tres calles más importantes del pueblo son Ortúzar, Pinto y Ross y en ellas se concentra gran parte de la actividad comercial del Pichilemu con pintorescos locales de publicidad creada y pintada por “El Mochila”, un publicista local que derrocha imaginación a la hora de dibujar un tirolés con un hot dog en la mano o a Cantinflas comiendo papas fritas y más allá hay una hamburguesa con traje de baño abrazada a una tabla de surf que quizás no sea de “El Mochila”. En frente está el “Bazar Los Chicos Malos” y el “Bazar Paty” que anuncia “No camine más, Bazar Paty lo Tiene”. ¡Y vaya cómo lo cumple! También una taquería llamada No Chingues Rastamán ofrece comida mexicana al paso.
Los almacenes ofrecen desde cocinas a leña hasta bicicletas, pelotas de colores, cuadros y vajilla. Hay varias ferias artesanales que venden lo mismo que hace 15 años pero que suman ahora productos plásticos, pero también hermosos morteros de piedra entre figuras de conchitas y muchos locales ofrecen comida rápida como “El Rey de Bajón” y restaurantes económicos que no varían mucho del pescado frito y las papas fritas. Célebre y recomendada es la picada de mariscos y pescados La Gloria.
Por algunas esquinas pueden verse inquietantes carteles que anuncian que a cinco cuadras está la zona de seguridad en caso de tsunami. Además hay carritos maniceros, mucho cochayuyo y sal de mar que produce la zona. Hay un increíble cine, el Royal, sacado directamente de un western, al que se entra desde la pantalla y una tanguería, la Siglo XXI, que abre los domingos. Para circular por el desparramado pueblo hay taxis y “cabritas”, transportes similares a las victorias viñamarinas pero que no son exclusivas para el turista, sino que son ampliamente usadas por todos y que mantienen su encanto y dignidad como si estuvieran en la belle epoque.
“Antes había un sólo taxi en el pueblo que se usaba para ir a otras localidades. El resto se movía en cabritas”, recuerda Jejo Martínez, un joven rancagüino que junto a su pareja Carolina Jacob, quien creció en Pichilemu, han montado Costa Luna, un excelente restaurante emplazado en el Infiernillo, una zona retirada, de rocas y posones donde el mar se extiende glorioso y salvaje.
Fueron de los primeros en montar un restaurante de buen nivel, con una espléndida terraza que ofrece un sector para tomar sol en chaise longue y un cálido comedor interior. La oferta gastronómica es de sushis, pescados y mariscos de la zona. La corvina es la especialidad de esta costa y el restaurante la ofrece de distintas formas que distan mucho de la fritanga que hasta hace unos años rayaba en dictadora de la oferta local.
“La mayoría de nuestros clientes son extranjeros, muchos gringos de la costa norte de California que llegan atraídos por el surf y quedan encantados con Pichilemu. Además muchos llegan por la ruta del vino”, agrega Carolina.

Y entonces llegó la Ola
El surf le ha dado un impulso inimaginable a Pichilemu. Para el escenario mundial este es un point reconocido y tiene la particularidad de tener una gran ola larga que va de izquierda a derecha permitiendo recorrer hasta 500 metros al surfista afortunado en Punta de Lobos y Las Terrazas y que para algunos -los que se apoyan con el pie derecho delante- permite ir mirándo la ola. Se puede surfear en las playas de Punta de Lobos, la Puntilla y las Terrazas y en otros lugares que los surfistas, cautelosos guardianes de la tranquilidad, no confiesan.
“Los gringos empiezan a llegar en octubre y se van en mayo”, cuenta Jejo Martínez, quien también es surfista. Además hay una colonia de extranjeros relativamente grande que ha tenido sus influencias sobre los lugareños que no han tenido la oportunidad nunca de viajar ni a Santiago.
Con la llegada de los primeros aventureros de este deporte, la zona ha sido lentamente nutrida por una energía joven, con profunda conciencia ambiental y cuyo máximo tesoro es la calma. No hay construcciones fuera de lugar -salvo un par- y todo se integra a la belleza del paisaje. Además, esto ha creado un nicho de trabajo y ha movilizado la economía local hacia un público internacional que peregrina a la playa en busca de la famosa ola larga. Hay tiendas que venden cosas de surf, fábricas que hacen tablas o las reparan, también ropa, accesorios y fundas para éstas. Con todo este incipiente panorama han llegado muchos santiaguinos cansados de la capital para montar aquí una manera de ganarse la vida en un entorno tranquilo y limpio. Por lo mismo, el pueblo está lleno de locales como Surf Pizza, Ciber Surf, telesurf y lo-que-se-le-ocurra surf.
“El surf le ha dado a Pichilemu algo que no le ha dado nadie”, reflexiona Agustín Echeverría, un joven santiaguino que desde hace cuatro años montó Dreamstyle, una empresa de ropa y accesorios de surf y nieve, “le ha dado un cariño, una vida y una vuelta de página en su historia. Le ha dado algo en lo que la gente se pudiera interesar. Todo lugar tiene que tener una razón y la gracia de Pichilemu eran sus olas. Hoy en día Pichilemu cada vez se torna más famoso, las olas son más grandes y hay uno que otro chileno tirándose la más grande de todas y están siempre haciendo noticia”.
Sin ir más lejos, uno de los surfistas más reconocidos a nivel mundial actualmente es el chileno Ramón Navarro de 25 años, un pichilemino de nacimiento, que como muchos hijos de pescadores o campesinos apostaron por torcerle la mano al destino y se lanzaron al mar a pillar la ola. Una vez arriba comienzan a competir, ganan dinero y pueden montar escuelas de surf o comercios relativos a este deporte.
Así fue el caso de Elvis Muñoz, un lugareño pionero en el surf y una leyenda en el lugar. “Cuando empecé tenía 15 años y la gente del pueblo me decía que era un vago, que pasaba todo el día en la playa. Yo vivía con mi abuelo y él no entendía nada. Si le hubiera hecho caso a esa gente ahora estaría haciendo cualquier cosa. Yo siempre pensé que era mejor estar en el mar que fumando en la esquina”. Actualmente da clases de surf en su escuela Manzana 54, frente a Las Terrazas, un local que arrienda equipos, vende y repara tablas. Las clases de dos horas cuestan 7 mil pesos con traje y tabla incluidos y en una semana se puede estar relativamente alfabetizado para pillar la ola y empezar surfear.
“Le hago clases a muchos extranjeros que vienen desde Canadá, Austria, Alaska, Irlanda, Nueva York, etc., además de jóvenes de Rancagua, San Fernando y Santa Cruz”, cuenta Muñoz .

Un Lugar de Soñadores
“Siempre será mejor vivir fuera de Santiago”, confiesa con una sonrisa la diseñadora industrial Paola Estrada, que hace unos años montó la tienda Luna Llena en el camino Pichilemu Cahuil. Es un lugar bastante especial, con pinos que la rodean y envuelven con su aroma cítrico y un camino que conduce al taller donde fabrica junto a su pareja, un mexicano enamorado de Pichilemu, muebles de madera. La tienda vende ropa, muebles, accesorios y cerámica de Pañul, una artesanía típica de la zona de suave color tierra, que se fabrica a 17 kilómetros al sur.
“Quería vivir fuera de Santiago y aquí hay buena gente. Hay mucho gringo californiano que dice que esto es como California hace 50 años atrás. Uno no viene a ganar plata aquí, es una opción por rescatar otros valores. Además Pichilemu se está empezando a desarrollar y eso es bueno”. Paola se fue hace siete años de Santiago después de haber trabajado en proyectos como el diseño de interior de cuatros bares de sushi. Se le nota contenta y relajada mientras cría a su pequeño Américo. “La luz la hemos puesto nosotros y casi todo. Imagina que este camino lo pavimentaron hace sólo dos años. Pichilemu tiene algo de indómito”, agrega riendo.
Un poco más allá de la tienda Luna Llena están las cabañas Duna Mar, una de las mejores opciones hoteleras de la zona. Construidas en madera, con pasarelas, piscina, juegos para niños y en primera línea de mar, este complejo turístico fue creado por un matrimonio suizo-chileno que ha sabido mantener una coherencia entre el paisaje y la arquitectura con sus lindas cabañas a pasos de la playa. Han tenido que luchar mucho para hacer un trabajo de buen nivel debido al abandono de Pichilemu. Un ejemplo, los servicios de luz y agua los hicieron ellos mismo.
Las cabañas están cerca del cruce de caminos que lleva a Punta de Lobos, la mítica puntilla de surfistas desde donde se despliega magnífico e inmenso el océano Pacífico. “Esto era un basural cuando llegué”, cuenta a CARAS Jean Robert Pistone, propietario de una buena parte del terreno. Por aquella época, era campeón de windsurf y Francia lo mandó a promover este deporte junto el surf y el snowboard. Fiel a su amor por la naturaleza, Pistone no ha edificado más que su casa, unas cabañas para surfistas y una panquequería, al mejor estilo francés. “Cortamos los caminos y nos pusimos a limpiar. Todavía hoy hay que luchar para que la gente cuide los cactus y no venga aquí a ensuciar, pero la vida es eso, una lucha”, agrega serio. Construyó sobre las ruinas de un viejo convento mercedario, con piedras, madera y conchas. El ambiente de la panquequería es un distendido y sectario lugar para surfistas que les permite desde allí contemplar las olas. En una de las mesas hay un peruano y un argentino que han venido aquí atraídos por el surf. Nano estudió leyes en Perú y se vino a Pichilemu a vivir. Acaba de abrir en el pueblo un local que se llama “El Otro Sandwich”. “La idea es que la gente pueda tomar un desayuno, por ejemplo, con avena, miel, jugos de frutas y sandwichs con hierbas y quesos finos.”
Todos los propietarios de las nuevas ofertas pichileminas han viajado por el mundo, entonces imprimen un sello distinto y cosmopolita a sus opciones. Es el caso del restaurante “El Secreto” ubicado en el sector de Infiernillo. Es una alta construcción de madera a la que se accede por un puente. Decorado de manera sencilla y buen gusto, la terraza está en la playa, flanqueada por un par de dunas. Algunas noches la luna se pone enfrente de los comensales trasnochadores ya que la cocina cierra cuando su dueña, la cocinera, lo decide. “Este lugar tiene algo de mágico. Aquí todos hemos llegado medio cuneteados y nos sana el corazón”, comenta Loreto Joglar, una santiaguina que dejó la producción de eventos y su fábrica de ropa de guaguas para montar este restaurante de comida mediterránea con inspiración francesa. Destacan entre sus patos el congrio thai con menta y unos excelentes jugos de frutas naturales.
Al lado de “El Secreto” está “Playa del Sol” el restaurante que montó un holandés enamorado de Pichilemu, por lo que en su carta sirve comida tradicional chilena y en la terraza, en la playa, descansa un bote de pescador.
En lo que fuera el Gran Hotel Ross, frente al parque del mismo nombre, hoy opera el hotel Ross que ya poco le queda de gran, pero conserva una oferta de habitaciones y cabañas con baño privado. El lugar es un espacio increíble, con jardines, corredores coloniales y un gran edificio de madera. Allí opera una tienda de telares, una oficina de turismo, unos hornos de barro con empanada casera muy buenas, una escuela de idiomas, la tienda deportiva Dreamstyle, el taller de la artista Macarena Yrarrázaval y el restaurante NLRoss. Este último, es unos de los lugares más encendidos de la noche. Inaugurado en el año nuevo del 2005 por la diseñadora Claudia Arnold y Agustín Echeverría, NLRoss es un bar restaurante que ofrece excelentes sushis y comida tailandesa. Está ubicado en una galería que mira a la calle y por decisión propia, no está anunciado afuera. Claudia trabajaba como gerente de ventas de la Librería Inglesa cuando decidió mudarse a Pichilemu y montar NLRoss. “Durante un viaje a México tuve una pareja que tenía cabañas en la playa y una vida muy placentera. Siempre supe que quería vivir así y se me ocurrió montar esto aprovechando el ambiente internacional de Pichilemu”.
Uno inmenso cardumen de peces de hierro forjado descansan en el taller de la escultora Macarena Yrrarázaval, al fondo del terreno del hotel Ross. La artista local, que además fabrica muebles, este mes verá sus 20 peces instalados en la entrada a Cahuil, gracias a un Fondart. Llegó hace trece años a Pichilemu y ha visto como todo ha ido cambiando. “Antes no había ni pavimento y tuve que hacerle unas enormes ruedas de fierro al coche de mi hijo para sortear los barreales”, cuenta riendo. Creer que ahora sí que Pichilemu despegará ya que la presencia extranjera, la llegada de internet y todo este impulso de jóvenes emprendedores está dando fuerza al pueblo y ayudando a la gente local a abrir más su mente y hacer las cosas mejor. Sin ir más lejos, su pareja es un norteamericano que construyó un molino de agua desde donde cultiva la quinoa, ya que descubrió que el producto altiplánico se da de maravilla en la zona.
No es la única sorpresa. En el pintoresco poblado de Cahuil, a 13 kms. al sur de Pichilemu, se da un microclima donde se cultivan papayas, mangos y otras flores en hermosos viveros. Un buen lugar para contemplar la belleza de esta zona, su vegetación y paisaje, es la hostería Marisol con una sencilla terraza rodeada de arbustos y árboles que miran a la laguna de Cahuil.
La zona de Pichilemu tiene un sin fin de pueblitos con arraigadas tradiciones y generosos paisajes que se pueden visitar por el día. Además, las lagunas que hay, por ejemplo entre Pichilemu y Cahuil, son propicias para el baño y desde hace unos años han llegado los practicantes de kitesurf, un híbrido entre el parapente y el snowboard por increíble que suene. Aunque para increíbles, está Pichilemu.

LINKS DE INTERÉS
Restaurantes
http://www.nlross.cl/
http://www.costaluna.cl/
Surf
http://www.dreamstyle.cl/
http://www.manzana54.cl/
http://www.cipressurfboards.cl
Hoteles y Cabañas
http://www.dunamar.netfirms.com
http://www.posadaloscardos.tk/
http://www.lugano.cl
http://www.cabanasguzmanlyon.cl
http://www.costapichilemu.cl/

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10 pensamientos en “NUESTRO MACONDO EN COLCHAGUA

  1. Estimada Angela, solo escribia para felicitarte por el lindo texto que escribiste sobre Pichilemu. La verdad es que tu descripcion sobre el pueblo es exacta,y narrado poeticamente lo que lo hace increiblemente atractivo, ya ha venido mucha gente nueva por el reportaje y se han ido felices de descubrir Pichilemu gracias a ti y tu equipo.
    Esperamos verlas nuevamente por aqui, para felicitarlas en persona y quiero que cuenten con nuestro apoyo, para cualquier cosa que neseciten de la zona.
    Nos vemos.
    Carolina.

  2. Hola Angela.
    He visitado por casualidad tu blog… buscando páginas de un ilustrador que em encanta; Mark Ryden… y al leer algunos de los textos, además de el de pichilemu, me ha encantado tu forma de escribir, es hermosa en cuanto a delicadeza y expresión… voy a hacer algo, humildemente, felicitarte.

  3. Estimada Angela, te felicito por tu relato. Sinceramente me ancantó. Yo también suelo escribir respecto de este pueblo donde he vivido 11 años. Quice compartir con quienes visiten mi blog, aquellos panoramas que, para mi son super potentes. Siento que visiones como la tuya aportan mucho a nuestro querido Pichilemu y generan la oportunidad de abrir nuevas conversaciones.
    Afectuosamente
    MAURICIO VERÓN SALINAS

  4. No se como llegue aqui, pero creo que me quedo me dejas…?

    A por cierto quien no se sepa que los pueblos chiquitos siempre hay como pasarla bien, no sabe lo que se pierde…

    Abrazos

  5. Deseo contactar con Macarena Minguell. Favor de comunicar a este mail. Gracias.

  6. Angelita, te felicito he leído con emoción tus artículos tan bien escritos y documentados. Además de artista eres estudiosa y eso se proyecta en tus trabajos. Cariños.
    Ester

  7. UF!!! SOY CHILENA PERO HACE UN TIEMPO VIVO EN BARCELONA(ESPAÑA)
    Y NO SABEN COMO SE PUEDE EXTRAÑAR PICHILEMU, LO PIENSO Y LE DOY MIL Y UNA VUELTA Y LA DECISION ESTA TOMADA, DENTRO DE UN TIEMPO DEJARE TODO ACA EN BARCELONA PARA HACER MI VIDA EN PICHILEMU….NO DEJARE QUE MI SUEÑO SOLO QUEDE EN PALABRAS!!!
    VIVA CHILE, MIERDA!!!! Y MAS PICHILEMU!!!!
    BESOS, ROSSANA.

  8. estoy dspues de vuelta en pichilemu2 años q no venia a vacacionar y la verdad es q esta muy grande y hermoso, aunque estuve tanto tiempo en EEUU me siento muy feliz y orgullosa de pertenecer a un pais tan lindo donde se encuentra esta hermosa ciudad

  9. Hola Angela Lindo reportaje ,buenas palabras ,buena descripcion ,pero mi gringo no hizo ningun molino de agua solo rescato por trece años la quinoa o quingua de la zona ,sin objetar que la forma en que relataste las cosas suena magico que suerte tengo !!!! hasta lo vivi ,bueno amiga gracias por escribir de nuestro querido Macondo
    saludos maca yra