manotazos de integración

debord

Pues queda poco para volver a Chile. Ocho años ya y regreso a un país que dejé sin reality shows, con casi nada de farándula o famosos por ser famosos, sin autovías subterráneas, tan sólo tres líneas de metro, sin ley de divorcio, más pobreza y menos actores.

La publicidad apenas comenzaba a tapizar la vida de los chilenos y mis colegas hacían sus primeros pasos hacia la vía de la procreación, el endeudamiento y la obsesión por el físico.

Durante este tiempo de preparativos y decisiones hago ejercicios virtuales para preparar el desexilio, como lo llamaba Benedetti. Leyendo la prensa local me topo una y otra vez en las portadas de diarios y revistas, twitters y blogs con un personaje que parece eclipsar las próximas elecciones y hasta la clasificación mundialera: Elisa.

Este fin de semana leo una columna en un semanario político que extrapola el último culebrón televisivo con las transformaciones nacionales, llevándola al paroxismo del correlato social. Entonces la youtubeo.

Me asombra que tras 8 años se incluyen palabrotas en los guiones, el binomio sangre y semen salta de las noticias a las telenovelas, en este caso en particular todos los protagonistas tienen amantes y hay hasta una pareja homosexual que no son locas con plumas pero sí con mucha culpa. Mi austriaco ad hoc, que se suma con humor a mis ejercicios de integración, no da crédito ante la cantidad ingente de lágrimas, gritos y ataques de nerviosismo. Le explico que la lágrima es determinante en la región, los candidatos hablan «desde el corazón», los senadores «lloran» y los empresarios «sienten».

Tras oír unos minutos más de ¿Dónde está Elisa?, mi austriaco ad hoc se levanta resoplando: «pobres editores de sonido de este culebrón».  Y me quedo pensando en quiénes vendrían a ser esos dentro de la mediatizada sociedad nacional.

(gracias Isaac por la foto)

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