CIBELES 2004-2005; EL TRIUNFO DEL STREET CHIC

La apuesta madrileña para el otoño invierno es la domesticación de la elegancia. ¿Para qué esperar la noche si tenemos todo el día para lucirnos? Este otoño-invierno los diseñares apuestan por las mujeres distinguidas y femeninas, con el abrigo como prenda indispensable. Además, collares y sombreros se consagran como los accesorios de la temporada y por fin se anuncia el esperado fin de los ’80.

Miró


l eterno femenino, la gracia, el detalle, la elegancia… Sabemos que los diseñadores venden ilusiones, llenando el imaginario colectivo de mujeres más altas de lo normal, más delgadas, más bellas, más de todo y a eso lo visten con tendencias que cambian, se repiten o se aniquilan temporada a temporada. Pasando de los diseños imponibles que rayan más en la performance que en el espíritu pret a porter, la moda vive de lo estrictamente consumible y se reinventa constantemente, enquistada –para bien o para mal- en las décadas pasadas. Así, finalmente parece que el revival de los ’80 está en las últimas, o por lo menos se está acotando al ámbito que mejor le concierne: el discotequero. Entonces los diseñadores, por lo menos los ibéricos, regresan a los clásicos. ¿Y quiénes han sido la parada obligada a la hora de hacerlo? Las inmortales Audrey Hephburn y Jackie Kennedy. Pareciera que no hay nadie mejor para representar la elegancia y lo femenino en el imaginario occidental. Es extraño, que han pasado décadas y décadas y mujeres y símbolos y estas dos féminas se mantienen como estandartes únicos de un estilo y de una belleza de ensueño.
Para esta edición de Cibeles, la visita a las viejas damas se justifica por el espíritu de esta temporada: clásica, adulta, sugerente y femenina. Se acabó el look “Lolita” y la obsesión por la imagen adolescente y escolar. A la moda le llegó el realismo y se enfoca en el presupuesto que realmente puede consumir. Las clientas de las grandes firmas no tienen quince años, tienen 30, 40 y 50 y trabajan. Ninguna irá a una reunión mostrando las pechugas ni luciendo minis tableadas de jugadora de hockey.
Y las verdaderas reinas del estilo en este mundillo frívolo quiénes son: Kate Moss que con sus 30 es elegida el ícono de la modernidad en la portada de Time Magazine, Linda Evangelista, que pronto cumplirá 39 ha sido portada de la exclusiva Vissionaire y trabaja para Fendi , los espléndidos 35 años que tendrá Naomi Campbell el próximo año, cuando sea la estrella del calendario Pirelli y las actrices Uma Thurman (34), Nicole Kidman (36), Catherine Zeta-Jones (35) y Cate Blanchett (34) que han firmado sendos contratos para ser el rostro de Lancôme, Chanel, Elisabeth Arden y Dona Karan, respectivamente. Mujeres, jóvenes maduras, madres, divorciadas, trabajadoras, desilusionadas, gozadoras…
Se impone entonces el glamour más establecido, menos delirante, el street chic, ideal para las chilenas, cuadradas por años tras el look de ‘crucero en tierra’.
Como declarara la cronista de modas Suzy Menkes en el International Herald Tribune en el otoño pasado: “Ha llegado el neoconservadurismo”.
La primera señal, la elección de colores: el negro y los falsos negros como aceituna, marengo y chocolate primaron en los desfiles de Cibeles, como también una amplia gama de marrón como el color garbanzo, tabaco y beige. El rojo veneciano, y los verdes y púrpuras en tonos apagados.
Como novedad, comienza a afirmarse la cintura luego de años de hegemonía de la cadera, por lo que faldas, pantalones, vestidos y abrigos se ajustaran delineando las formas del cuerpo y se atarán con cinturones o lazos. Vuelve la figura destacada a través de telas, y los largos de vestidos y faldas bajan hasta la rodilla, en telas sencillas pero de caída graciosa. Hay una cierta reminiscencia a las formas de la lencería clásica como enaguas enteros que delinean los cuerpos. Por ello, se impone el corte al sesgo definiendo la figura que reemplaza las transparencias y la desnudez. EL desfile de Devota&Lomba es una buena muestra de este espíritu.
Además, la mini deja paso a largos hasta al rodilla (sobre y bajo ésta) que se repiten en vestidos, pantalones, abrigos y faldas. Estas últimas se usarán de dos maneras: amplias y ajustadas.
Las telas se la juegan por los algodones gruesos, tejidos de punto también grueso como el tweed, el twill de seda, pelo de camello, mohair, cachemire y telas más ligeras como satén, gasa y crêpe georgette.
Y los abrigos, verdaderos protagonistas de esta temporada, son la carta de presentación. Los largos son variables aunque la evocación de los años 30, 40 y 50 está clara en los cuellos bote, cortes trapecio, muchos hasta la rodilla y mangas tres cuartos. Abunda el juego con geometrías sobre puestas, abrigos-vestido y estilo Audrey Hephburn, que se pueden ver claramente en la apuesta de Miguel Palacios, que supo ofrecer una propuesta sobria y discreta aunque no menos encantadora. Kina Fernández jugó con distintos guiños de épocas, entremezclando accesorios y detalles que definieron un look ultrafemenino y muy urbano.
Reaparecieron las pieles, que vuelven como detalles en abrigos, chaquetas y cuellos tanto para la noche como para el día. La colección de Jesús del Pozo supo sintetizar con gran distinción y ternura las tendencias de la temporada, tanto por sus líneas y tonos, como por sus complementos. Ya que se puede decir que esta temporada ha hecho un viraje hacia los accesorios. Los guantes como acompañante de vestidos al sesgo con o sin mangas, ceñidos al brazo, de distintos largos. Además cinturones y lazos reafirman el toque delicado que se pretende reforzar en esta reinvención de la elegancia. También los broches grandes y vistosos vienen con fuerza como se usaron durante los ‘50. Los sombreros y los tocados en la cabeza a juego con el vestuario toman fuerza esta temporada como prendas indispensables. La medias de un solo color o pantys de red también monocolor. Los botones son un elemento cuidadísimo en la composición de las prendas. Pero sin duda lo que más se usará son los collares, puestos de a varios, entre mezclados del mismo largo, de distintas cuentas y materiales; sin son ajustados al cuello deberán ser vistosos y de grandes volúmenes.
La colección de lencería y baño del catalán Andrés Sardá, sin duda su apuesta más colorida en la últimas Cibeles- es una explosión de accesorios al servicio de prendas delicadas. Reafirmando a la mujer a la que debe vestir: aquella fuerte y delicada.

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